sábado, 21 de noviembre de 2009

Llegada a Barcelona


En el año 53 cuándo apenas contaba 4 años, hice mi primer gran viaje, recuerdo que todo era ilusión para mí en aquel momento, me sentía feliz, iba a cambiar, a viajar en ¡un tren! conocería a mis primos, los otros, los que vivían en Barcelona.
¡Barcelona! que alegría, mi madre decía que tenía más casas que Baños y...eran muy grandes, me contaba que mi casa no tenía patio, pero...tiene una terraza preciosa, con un lavadero, allí podrás jugar con los primos.
El agotador viaje, culminó en una enorme estación, grandes cristaleras enmarcadas en elaborados hierros, no se veía el sol, pero entraba la luz.
el trasiego de gentes era enorme, las mujeres con enormes cestas de las que sacaba la cabeza algún que otro pollo adormilado por el largo camino recorrido, dentro de los capazos.
recuerdo a mi madre, delgada alta, vestida de riguroso luto, cargó en las caderas las maletas, yo solo llevaba la cesta de la comida y la manta de mi abuelo, que me sirvió todo el viaje para dormir en el hueco que quedaba sobre la puerta de entrada al compartimento, yo creo, que nos subían allí a los niños para que no nos viera el revisor, y ...así ahorrarse el billete, pero no era mi caso, mi billete me lo había pagado mi tita pepa y mi prima Antonia el enorme papelón de caramelos, me los compró en el bodegón. ya en el andén, mi madre buscaba ávida, la figura de mi padre, tenia que estar esperándonos.
yo no apartaba la vista de mis caramelos ni del billete del tren, pues me había dicho mi prima, que si no estaba a gusto, que con ese billete podría volverme al pueblo, ¡que ilusa!
¡Mis caramelos mi billete!, grité al verme en brazos de un hombre muy grande, que me abrazó como si me conociera, llore, pero...lloraba por mis caramelos que se habían caído en aquel suelo gris y sucio.
El tío pedro te comprara más caramelos, no llores que nos vamos a casa.
Mi padre no fue a esperarnos, estaba trabajando, ¿mi tío no trabajaba?
necesité años para comprender tantas y tantas cosas...
Salimos a una gran avenida, mi madre con una de las maletas y cogiendo mi mano, se dirigía en una dirección, ella conocía Barcelona, había vivido allí de recién casada, mi tío la detuvo, espera Isabel, el señor José nos espera está ahí, con la catalina.
Todos se rieron de mí, cuándo pregunté, tío… ¿donde esta Catalina?
aquí ¿no la ves? no, no la veía allí solo estaba el señor José delante de un coche que parecía de muertos, con un morro bajito y una caseta cuadrada encima...
Subimos todos a la catalina, que por cierto…no era una señora si no, el coche del vecino.
Ven ponte en la ventanilla y así iras viendo cosas, pasamos por otra avenida esta más ancha que la de la estación, ¡las colas! grité como loca, y entonces fue mi madre quien soltó la primera carcajada, no nana, no son las colas, es el mar, enseguida intervino mi tío, mañana domingo, vendremos a la playa y verás como te gusta.
No yo no quiero ir a la playa, quiero ir a las colas, el mar es más bonito hija, decía mi madre, hay arena y conchas y…hasta algunas veces peces que saltan en la orilla.
No, a mi no me interesaban los peces ni la playa, yo quería volver a mi pueblo, irme a las colas y a las olivas con mi tito Antonio, beberme la leche de las cabras por la mañana y correr cuesta abajo, cuando los mulos la subían cargados de aperos y mi tío muchas veces detrás, subido en la borrica.,
Las hermosa avenidas y anchas y largas calles de Barcelona, se habían quedado atrás, enfilábamos una estrecha carretera con casas a ambos lados, tan estrecha que daba la impresión que se podían dar la mano desde los balcones, los vecinos de una y otra cera, al final llegamos a un control, eran los burots, el limite de la capital, con hospitalet, allí unos hombres como el municipal de mi pueblo, miraron los papeles que les enseñó mi tío, toquetearon las maletas, y por fin dijeron vale…pasen,
Ya estábamos en casa.
Estabamos delante, de un alto edificio, dos tiendas a los lados y en el centro, una puerta, daba paso a las escaleras, que conducian a los cinco pisos de altura.
La primera tienda, despedía un rico olor a chacinas, nosotras nos detuvimos ante la segunda, con un desagradable olor a carne fresca.
Mama, si traemos chorizos y lomo que ha puesto la tita pepa, ¿para que queremos carne?’ no hija, no vamos a comprar carne, aquí está nuestra casa.
Mi casa, un enorme y lúgubre pasillo, con puertas a un solo lado, la ventana que daba luz, ni siquiera mi madre alcanzaba a abrirla, la del comedor daba a la carnicería y también estaba muy alta, mira aquí dormirás tu, todo el cuarto para ti sola, pero…si no puedo asomarme a la ventana, no hace falta es solo para dar luz, si si, luz, y todas las porquerías que tiraban los vecinos también daban, los vecinos le llamaban el ”pozo”, pues a pesar de ser cuadrado y rodeado de verja de hierro, daba la impresión de un pozo por estar por debajo de los terrados, en su suelo, se alzaban unas ventanas, las de los lados rectangulares , y algo estrechas y las dos del frontal, que daban a los pasillos de las casas eran también rectangulares pero mucho más altas, el “pozo” era el patio de luz para las viviendas, que tenían las dos tiendas de la planta baja
No tardaron en entrar dos mujeres, hablando raro, eran mi tía y su madre, mi madre pregunto por los chiquillos, y las dos a coro respondieron, el pepe en el colegio, Juan como siempre por ahí estará con la bicicleta.
mira nana, dijo mi madre es la tía Amalia y la abuela de los primos, la señora merçe, si pero…cuando nos vamos a casa, pregunté yo, mi tía respondió muy seca, niña ya estás en casa, olvídate ya de tu pueblo, aquí serás una persona, ¿mi prima Antonia no era persona? ni mis primas, la Francisca, la paulina la Tere, ninguna? ni mi tita pepa ni mi tito Antonio, ni la pincha, ni dolores, ¿Quién era persona?
La abuela me acurrucó diciéndome, cariño, esta es ahora tu casa y nosotros tu familia, yo soy la yaya, si quieres también la tuya, cierto, desde aquel momento y hasta su muerte con 93 años, fue mi abuela, cuantas veces seria mi paño de lagrimas.

sábado, 14 de noviembre de 2009

El día más largo


El día más largo

El verano empezaba a tocar a su fin, pero el sol se estrellaba en la cal blanca de las casas, apenas levantaba unos centímetros del suelo y mis pequeñas manitas se aferraban con fuerza a los hierros de la ventana.
No podía creer que tenía que dejar todo aquello, mi casa, mis cabras, las gallinas del corral y hasta mi vieja muñeca de trapo.
Me la hizo mi prima, tenía bordados los ojos y la boca, no tenia nariz, pero sus pelos de largos trozos de lana negra le daban un toque especial y...tenía que dejarla, llevábamos demasiadas cosas decía mi madre, se te va a perder y luego llorarás, déjala y la tendrás cuándo volvamos.
¿volver? ¿iba a volver?
La vieja "pava" nos esperaba en la carretera, iba cargada de gente y bultos, ¿todo el mundo se iba a Barcelona?, que ilusa, no, no se iban a Barcelona, las únicas que se iban éramos nosotras, mi madre y yo.
Aquello me parecía tan injusto, que pregunté a mi madre, Mama, ¿porque tengo yo que irme? ¿no puedo quedarme con la tita?
Fue rotundo el no, casi me dejó sin ganas de seguir preguntando.

El viaje hasta la estación lo hice en silencio, mi madre tampoco tenia muchas ganas de hablar.
Rompí mi mutismo al ver el tren que se acercaba lento a la estación, para mí era toda una novedad jamás había visto una pava tan grande y además con las ruedas de hierro, me corrigió mi tía diciéndome, no es un coche cariño, es un tren, por eso tiene tantos vagones y las ruedas de hierro, venga que os acomodo en el vagón, que no tardará en salir, mi tía quería aparentar fuerza, pero la verdad es que nunca la había visto tan triste.
al subir al dichoso convoy, me quedé perpleja, tenia un zaguán como las casa de baños, la mía no tenía porque si no, no podrían entrar las cabras hasta el corral, pero si que lo tenía la de mis abuelos y después un portal grande con pilistras y una silla muy larga de palitos pequeños y enea, yo no vivía en aquella casa y no se porque, tampoco querían que fuera, nunca lo entendí, ¿porque no podía jugar con mi prima?
Después de lo que yo le llamé zaguán se abría una puerta a un largo pasillo y a un lado mas puertas, que eran como cuartos muy chicos con unos largos asientos a cada lado y en medio una ventana grande.
Por encima de los asientos una reja para dejar los bultos y maletas, allí colocaron mi madre y mi tía las pocas cosas que llevábamos y nos sentamos las dos mi madre y yo, mi tía le dejó una cesta a mi madre en la falda, me dio un abrazo como sino me fuese a ver más y llorando se bajó del tren.

domingo, 1 de noviembre de 2009

camino


Llueve en mi rostro,



mientras mi alma,



evoca sentimientos,



poso mis pies,



en tierras de lamento,



y elevo al cielo,




la luz de mi mirada,



siento deseos de recordar la nada,



tocando el tiempo tan solo con mi voz,



dobla el ciprés, la punta de su espada,



al suave toque, del viento en el otoño.



Angosta, estrecha, la senda que separa,



el tiempo vivo, de la espera inmortal,



Todo es silencio, en la tierra callada,



ni el dulce aroma, los logra despertar.



al polvo han ido, los sueños y quimeras,



la tierra arropa, la vida de un ayer,



luchas de clases, y guerras sin fronteras,



odios eternos, buscando amanecer.



Ya todo duerme,



quizá busquen la espera,



de un paraíso, que alguien prometió.



sigue soplando el viento en los cipreses,



vuelta al camino, del odio y del amor.



Llegará el día, que deba recorrerlo,



llegaré libre, de penas y dolor



y veré entonces, lo inútil de la lucha,



ya nada me hará falta, ya todo terminó



quisiera en ese día, encontrarme otra vida,



donde no existan odios, ni penas ni rencores,



donde aniden las cosas,



que nacen del amor.



donde el hombre sea libre,



y la vida camine desnuda de mentiras,



sembrada de ilusiones,



donde pueda encontrarme,



con un mundo mejor.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cartas a mi Madre




Hoy madre, se acabó la feria, bueno…

que voy a contarte que tu, no sepas.

Tú, si que viste a la Virgen pasear por el camino,

entre romeros y floresy engalanada de lirios,

seguro, que se ha parado, en el cruce del camino,

solo por mandarte un beso y…para enseñarte al Niño.

Ya se madre, que no puedes, salir del blanco recinto,

pero…La Madre Divina, te regala su cariño,

por ¡tantos años de lucha!Por ¡tantos días de olvido!,

y yo, que tanto te quise, te mando hasta el cielo

un guiño y aquel poema chiquito, que te escribí en el exilio.
¿Te acuerdas madre querida?

Cuándo acogiste a mi niño ese niño que ahora, es hombre,

¡cuántos besos! ¡Cuánto olvido!

Le cambiabas los pañales, con esos dientes de armiño,

que se ha comido la tierra, que ya están, en el olvido.
Todas las noches de luna, yo me asomo a la ventana,

aquella que tantas veces…a ella tú te asomaras.

dime Nana si esta luna, es la de Juan de las vacas,

madre…la luna siempre es la misma, aquí y en Juan de las vacas.

y mohína te escondías, a un lado de la ventana.

Aquella luna no era, ni por asomo la misma que te inspirara,

debajo de los olivos, al cantarme aquellas nanas.
¿Te acuerdas madre? el cortijo, si, el de las doñajuanas,

cuándo maté tantos pollos, pidiendo que se sentaran,

porque…se come sentado, me lo ha dicho a mí, mi mama,

y aquel camino hasta el pueblo, sin botijo o damajuana,

seca por dentro y por fuera, con sol con frío o escarcha,

solo porque yo, pedía unas góticas de agua,

yo no podía beberla…tú tampoco la probabas.

o…cuando en junio aquel rayo, cayó en mi pierna,

yo estaba sentada en el lavadero, y al ver que relampagueaba,

te pregunté… ¿dime mama, a la gente por la calle,
si les cae uno, los mata?

y con más miedo que fuerza, me cogiste en volandas,

para entonces…ya la chispa, quemó mi pierna y tu alma.

Y, tantas noches despierta, para que no la doblara.

¡Cuánto martirio sufriste! Por mí y…por toda tu casta,

ni un minuto de alegría, creo que tuvo tu alma.

solo tu feria, tu orgullo, tu Virgen fue tu esperanza,

por eso te escribo madre,con lagrimas esta carta,

que aunque nunca te lo dije...te llevé siempre en el alma.

Y si te fuiste de mí…aquí, quedo tu esperanza.

que sigo siendo andaluza, madre, aún…viviendo catalana

lunes, 21 de septiembre de 2009

El rayo


Apenas tenía cumplidos los siete años, ya me sentía totalmente integrada en aquel nuevo mundo, ¡tan diferente del que quedó atrás¡, pero era mi nueva vida, mis sierras, las colas, el cortijo,todo quedó atrás, aunque permanecía vivo en mi memoria.



Es increíble que un niño, recuerde durante toda su vida, sus primeros años, más cuándo había sido una estancia tan corta, apenas tenía cuatro años, cuándo arrancaron mis raíces para implantarlas,en una nueva tierra.



El hecho de haber creído , que aquel viaje no era para siempre, seguro me ayudó a no olvidar y guardar en lo más intimo de mi ser, mis raíces.


Era Junio, la víspera de San Antonio, mi madre había estado todo el día trabajando y yo, como niña, me lo pasé jugando en la plazoleta, imaginaros como acabé, llena de tierra por toda partes.


No teníamos cuarto de baño y por no molestar a mi abuela, como el tiempo lo permitía, mi madre decidió, subir al terrado para lavarme en el lavadero, serían las ocho de la tarde, mi padre se había ido desde el trabajo, al dentista, así que estábamos solas en casa.


Sentada en la piedra del lavadero, empezaron a caer unas finísimas gotas, y el cielo empezó a oscurecerse, pequeñas ráfagas de luz lo iluminaba, y en algunos segundos, se oía un estruendo, pregunté a mi madre,


mama, ¿ que son esas luces y ruidos?, me contestó, eso son truenos, se acerca una tormenta de verano, continué, entonces...¿eso hace daño?, ¡claro hija¡ si te cae encima.


Seguí insistiendo, y...a la gente que va por la calle, ¿le puede caer uno?


pues sí, me contestó


y la mata, insistí


nana cariño, claro que la puede matar, pero, aquí hay para rayos, en la fábrica de hielo.


Asustada, le dije, mama, vámonos, que no quiero que me mate uno.


Mi madre, reaccionó rápido, me cogió en brazos y en aquel momento, sentí como si me pellizcaran, ay, me ha pellizcado, pero mi madre, seguía directa a las escaleras, que bajaban hasta la cocina, comentando, ni siquiera te he secada y vas chorreando.


No era agua, al llegar al pequeño rellano de entrada a la casa, con la luz de la cocina, vio ciertamente que no me había dejado mojada, ¡era sangre¡


El grito terrible de mi madre, alertó a los vecinos, que de un solo golpe, abrieron la puerta cerrada con llave, los primeros en llegar, fueron Oscar y Jordi, me cogieron en volandas, y corrieron hasta la Alcaldía, que estaba en la carretera de santa Eulalia, a unos seiscientos metros.


Detrás y casi ahogando se, llegó Pepe, mi primo mayor, estaba enfermo del corazón.


En pocos minutos, llegó el Doctor Badía, que era el médico del barrio, al ver mi rodilla casi destrozada, limpió la herida y pidió que me llevasen al Hospital Clínico.


Más de un año pasé, con la pierna entablilla da, entonces no existían tantas cosas como hoy, y mi abuela ideo, con las tablas de las cajas de plátanos, que entonces venían así embalados, y con unas corbatas del abuelo, para envolverlas, sujetarme la pierna, para que no la doblase.


Creía, que lo más doloroso para mí, había sido salir de mi pueblo.


En Noviembre de aquel mismo año,comprobé que no, mi tete, después de mi accidente, empeoró de su enfermedad, y con solo diecisiete años, nos dejaba, fue un Domingo, mi tía , la abuela y mi madre,estaban en misa,, mi tío Pedro, solo hacía una hora que había llegado del trabajo, pues tenía turno de noche, cuándo decidió irse a la cama, se encontró a Pepe, intentando incorporarse, pero ya sin fuerzas, lo último que dijo, Papá, cuida a la nena.


Nunca, quisieron decírmelo, pues su muerte, me afectó sobremanera, cuándo ya tenía diecisiete años y con novio, para casarme, mi tía me lo contó, más adelante contaré esta historia, la relación de mi noviazgo y mi primo.

domingo, 30 de agosto de 2009

La bicicleta


No recurdo exactamente que edad tendría, no pasaba de los diez seguro.



desde los cinco años, mi única ilusión al llegar los Reyes, era que me trajesen una bicicleta, pero unas veces por unas cosas y otras por lo contrario, nunca llegó.



Aquel año, a mi amiga, si se le puede llamar amiga, a una niña de un nivel social, superior y que lo único que haciamos juntas, era jugar en la plazoleta, cuando ella iba al mercado con su madre, para recoger la recaudación de la parada, o los sabados, que su madre también vendia con la dependienta.Como decía, a Mariona, le trajeron los Magos la bicicleta, ! mi sueño de años¡



Se paseaba ufana, con su madre al lado, porque ella tenía lo que yo tanto desee.



¿que te trajeron los Reyes? me preguntó su madre, no supe que contestarle, la verdad...aquel año ya era el segundo, que sus majestades, se olvidaban de mí, insistió María, ¿te han traído la bici?, entonces sí respondí, no, no les quedaban,mi madre dice, que se les agotaron y que seguro el año que viene me la traerán.



Si la hija se sentía superior a los demás niños, la madre lo era aún más y me contestó, con su falsa sonrisa; Cariño, es que tú has sido mala, por eso los reyes no te dejan nada, mira, mi Mariona, cada año le traen todo, porque es una niña buena.



Mi reacción fue la de cualquier niño, salí corriendo a mi casa, a contarselo a mi madre.



Nunca olvidaré su reacción, al verme llorar y oir de mi boca repetidas las palabras de María Se quitó el delantal, alisandose el pelo con las manos,, apagó el fuego en el que estaba cocinando, y con una rabia, que jamás había visto en su cara, salió hacia el parque, llevandome a mí casi arrastras.



Al llegar donde se encontraban, madre e hija, parecía haberse calmado y con una falsa sonrisa de oreja a oreja, le dijo a la niña,! que bici más bonita¡ ¿te la han traído los reyes?, claro, contestó la madre, antes que la niña, pero esta añadió, a nana por mala no le han traído nada.



Ahí quería llegar mi madre, a oirlo ella de sus propias bocas, pues la madre, ratificó las palabras de la hija.



La recuerdo, rubia, delgada muy alta, guapisisma, al lado de María más bien regordeta y no demasiado alta, eso sí, los cuadros de murillo, tenían la misma pintura que su cara, aunque era una mujer atractiva y siempre muy arreglada, yo nunca ví bien que las mujeres se pintaran la cara, con los años, fuí yo la del cuadro jeje



Pues no cariño, no son así las cosas , le dijo mi madre, enseguida intervino María, viendose venir la tormenta, No quería decir eso Isabel, a lo que mi madre le dijo, no quería, ni tú tampoco, pero lo habeis dicho.



Y ahora voy a ser yo quien le diga a esta niña tan buena, tan rica y tan mal criada, porque a ella le han dejado la bici y a mi nana no.



¿Sabes Mariona?, tu mamá tiene una parada y es la dueña, yo, soy dependienta, en la parada de la abuela de nana, tu abuela, tiene mucho dinero, los abuelos de nana, por desgracia ya murieron, y estos que tiene son postizos, pero la quieren más que si fueran como los tuyos.



Así que...espero me entiendas, pues ya tienes edad de saber las cosas, a tí, te compró mamá y papá la bici, pero como nosotros no tenemos dinero, nana no tiene bici, ¿lo entiendes?



Que los Magos eran de Oriente, y allí se quedaron, cuándo nació el Niño, así que dejemonos de pamplinas, y si tu eres muy buena, mi nana, MÁS, en dinero...tu mamá...MÁS.



María, nunca le perdonó a mi madre aquello, pero creo que mi madre,tampoco pudo nunca, perdonarle los desaires que me hacían, esa fue la gota que colmó el vaso y bien que le pesó despues, pero como decía, ya está hecho y la niña tiene diez años, muy grande pa Reyes.



Pero yo sé, que siempre le dolió su reacción, los niños...son niños




Mamá, yo quiero una bicicleta,
Cállate cariño, no me seas traviesa.
El año que viene, los reyes vendrán
Y la bicicleta, te regalaran.
El año pasó, los reyes llegaron
Y la bicicleta ¿donde la dejaron…?

No lo sé cariño, quizá se acabaron.
Pero…yo les dije que me la trajeran,
¿tu crees mamá que no he sido buena?
No es eso, mi niña quizá se acabaron.
De nuevo la niña jugaba y corría,
Igual que otros niños, soñó con tener
Una bicicleta y poder correr
Correr por las calles,
Montar a su gato y guardarla luego
después de un buen rato.

Pasaron los días volvieron los Magos
Y la bicicleta… ¿Dónde la dejaron?
Cariñito mío, tu lo has de saber
Los Reyes llegaron, solo hasta Belén
Y al Niño trajeron tres cosas de bien
Oro, incienso mirra y El…
Nos legó amor, el que día a día
Te ofrezco a ti yo.
No tengo dinero, no puedo comprar
Una bicicleta, para que mi niña, pueda jugar

Las lágrimas corren por su triste cara
Y ¡chilla! Y se ¡enfada!
No llores mi cielo, no sufras tu más
Que un día, la bici tendrás.
Pasaron los años y…se hizo mujer
Recordó triste los años pasados,
Cuándo feliz, esperaba a los Magos,
Veía a su madre, en casa sentada,
Contando el dinero, por ver si llegaba
Y luego d hacerlo…decirle con pena
¡ay chiquilla mía! Tu si, has sido buena,
Yo quisiera poderte ofrecer
Lo que tanto quieres, no puedo esta vez


1971 barcelona



jueves, 27 de agosto de 2009

1964, hospital de la Vall de hebrón


Vita tendría siete años y yo catorce, mi padre, trabajaba todo el día, tenía escasamente una hora para comer, al estar su trabajo casi que en la otra punta de Barcelona, no podía ir a casa a mediodía, por lo que mi madre, le ponía todos los días la fiambrera,(la comida o como dicen en mi tierra, la talega).




Mi madre,aunque no le quedase para ella, procuraba que a él no le faltase, y aún sabiendo mi padre, que no encestábamos nada, siempre le dejaba algo a mi hermana.




Ella acostumbrada, cada día miraba la bolsa y abría la fiambrera, lo cierto es que por entonces, era muy glotona, con el tiempo cambiaría.




Hacía dos días, que el médico le diagnosticó un ganglio justo detrás del lóbulo de la oreja y decidieron que había que extirparlo.




Tenían cita en Vall d' Hebron, para las 10 de la noche, y lo primero que les advirtieron, que la niña no tomase nada ocho horas antes.




Mi madre me dejó el encargo, ella trabajaba hasta tarde y la comida tenía que hacerla yo.




Aquel día, yo no fui a clase, y a las once fui a recoger a Vita, para darle de comer pronto y así no tenía que pasar tantas horas en ayunas.




En menos de un cuarto de hora estábamos en casa y le puse la comida, para que no tuviera tentaciones, me la llevé al parque, y de allí a pasear por la carretera de Santa Eulalia, mirando escaparates, se distraía, la niña era muy caprichosa, y sabía como conquistar me, consiguió que la llevase aquella tarde al cine victoria que hacían dos películas, como vi que podía verlas, accedí.




A las ocho de la noche, llegábamos a casa, a la vez que mi padre, me preguntaron que había comido la niña y cuando, les dije que lo que me dijo mi madre y a las once y cuarto más o menos.




Mis padres se arreglaron, y la niña se metió en la habitación, yo me puse a estudiar en la salita y como ya estaban mis padres, me desentendí de ella




Se marcharon al hospital y me quedé sola en casa, el tiempo me pasó volando, estudié casi tres horas seguidas, cuando sonó el teléfono.




Era mi padre, creo que las voces las oía sin teléfono a pesar de la distancia, no voy a repetir todo lo que me dijo, era demasiado fuerte, lo menos fue cuando dijo, a un correccional te mando, me tienes harto, no me dejó preguntar que pasaba, colgó.




Serian las doce y media cuando de nuevo una llamada, atemorizada cogí el auricular, no me salía la voz del cuerpo, era mi madre, ¡Dios¡ que descanso, Nana, soy la mama, oí decir, porque estaba tan asustada que ni reconocí su voz.




Tranquila cariño, que la nena ya está bien, enseguida vamos a casa, angustiada, le pregunté ¿que ha pasado? mi madre con una leve carcajada respondió; gracias a Dios, nada, pero ya te lo cuento cuándo lleguemos.


Eran casi las dos de la madrugada, no podía dormirme, con las luces apagadas, por si mi padre me regañaba , esperé sentada en la vieja mecedora, tenía frío y me arropé con el viejo ropón de mi abuelo, que ya se caía de viejo y de tanto uso.


El ruido de las llaves me alertó, sentí alegría y miedo a la vez.


Allí estaba, en brazos de mi madre, dormidita como si no hubiese roto nunca un plato.


Se la cogí a mi madre de los brazos y la llevé a la cama, le estaba poniendo el pijama, cuando abrió ligeramente los ojos, "teta" te quiero mucho, tapame, y se quedó dormida de nuevo.


Mi padre, sin tan siquiera mirarme, se marchó a la cama.


¿que ha pasado? pregunté a mi madre, ¡que susto hija¡ creíamos que se nos moría, cuando salió la monja del quirófano, como un energumeno, chillando me, ¡mala madre¡ ¿no se le dijo que no comiera nada la niña?


La niña, había aprovechado que yo me fui a la salita, para buscar en la fiambrera de mi padre y comerse, el trozo de carne que le traía, ¿quien iba a pensar, que en escasos minutos, se atiborraría?.


"Mamaica", sensata como siempre, dijo, la culpa es de José, a quien se le ocurre, sabiendo que la niña tenía que estar en ayunas.


Pero...para no variar, la culpa como siempre, de la muy zangana de la hermana, que no la cuidaba.


A mí, me compensaba cuándo me decía, "teta" no lo digas eh, pero te quiero más que a nadie.